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Espiritualidad

La espiritualidad de Agustín para el buscador de hoy. Este documento te muestra una nueva manera de entender al Santo Lateranense

ESPIRITUALIDAD DE SAN AGUSTÍN EN EL SIGLO XXI (CONFERENCIA PARA BUENOS AIRES- ARGENTINA 21 DE ABRIL DE 2017)

P. Fr. Edinson Farfán Córdova, OSA
Queridos amigos de la República de Argentina, es una alegría poder compartir con ustedes mi experiencia de fe en el peregrinar de mi vocación; esta experiencia se ha ido iluminando y fortaleciendo con la fe y la razón, que el fondo es pura gracia de Dios. Quiero agradecer a Fr. Ariel Fessia por haberme invitado a dar esta conferencia.
Hablar de San Agustín en pleno siglo XXI, es recordar a uno de los convertidos más grandes de la historia del cristianismo, después de San Pablo, dicho por la boca del sucesor de San Pedro, el papa emérito Benedicto XVI.
Sin duda alguna Agustín de Hipona un hombre de ayer para el mundo de hoy. Nuestro amigo ahora beato Pablo VI decía: «¡San Agustín es único por su riqueza, único por la lucidez de pensamiento, único por la profundidad de experiencia humana, único por su actualidad! “¡Si San Agustín viviese hoy, hablaría como habló hace más de mil años, porque él personifica verdaderamente a la humanidad que cree, que ama a Cristo y a nuestro Dios!”1.
El tema propuesto para esta Conferencia es: “Espiritualidad de San Agustín en el siglo XXI”.
En un mundo fascinado como el nuestro hablar de espiritualidad suena un tanto extraño, a veces incomodo en algunos lugares. En un mundo fragmentado cuyas características son el egocentrismo, hedonismo,
1 PABLO VI, Discurso a las hermanas agustinas, Roma (3 de noviembre de 1973).
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secularismo, ateísmo, agnosticismo, relativismo religioso, etc. ¿qué sentido tiene hablar de espiritualidad? Vivimos un tiempo difícil y apasionante, difícil porque el mundo tiembla, vemos corrupción, antivalores que atentan contra la vida del ser humano, tragedia en este momento triste donde los pobres son los que más sufren, estructuras de pecado social por habernos desentendido del bien común y ¿Por qué apasionante? Porque este es el lugar para encontrar sentido a lo que hacemos, este es el momento para dar testimonio de nuestra vocación de servicio, este es el momento para trabajar por el bien común.
Es apasionante porque hay miles de jóvenes que tienen el gran deseo de trabajar por el bien común, hay muchos jóvenes que quieren desempolvar esos valores que están grabados en el corazón de cada ser humano, apasionante porque desde una espiritualidad profunda se puede transformar el mundo.
No acontece el reino de Dios sin espiritualidad, no habrá un mundo más justo y fraterno sin una espiritualidad profunda.
El mundo de hoy ha apagado la espiritualidad y hay que volver a darle vida para encontrar el sentido exacto de nuestra vocación, que no es otra cosa que servir con alegría y gratitud desde nuestra opción de vida. Por tanto, el tema de la espiritualidad es insoslayable, no se puede negociar.
Espiritualidad en cuanto la vida en el Espíritu ¿Qué es Espíritu? Aquel que sirve para vivir, es el Ruah en hebreo, neuma en griego, que significa aliento, soplo, aire, respiración, vitalidad, energía, es decir el Espíritu que nos da vida.
Y cuando decimos esta persona o este hermano, le falta espiritualidad, estamos diciendo este ser humano, no está dando vida al Espíritu, qué fuerte
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y trágico es cuando apagamos al Espíritu, el espíritu es dinamismo, es alegría, creatividad profunda, el espíritu me lleva a la empatía y asertividad.
Cuando una persona está triste, pasiva, se queja de todo y no encuentra sentido a lo que está haciendo, sin duda habremos apagado al Espíritu, cuando hay cansancio inútil, cuando todo me incomoda, es momento para hacer un alto en nuestra vida y preguntarnos por el sentido de nuestra vocación.
Por tanto, cuando hablamos de vida espiritual de Agustín, estamos recordando lo que hizo el espíritu en la vida de este gran hombre, considerado por no pocos como el primer hombre moderno, que respondió y se adelantó a otros tiempos.
El Objetivo de esta conferencia es lograr resaltar o reflexionar, algunos aspectos de la vida espiritual de Agustín, para que nos sirvan de testimonio e iluminación en nuestros apostolados para el contexto del siglo XXI.
Considero tres puntos:
1. Pilares de la vida espiritual de san Agustín
2. La espiritualidad agustiniana un testimonio para el siglo XXI
3. A manera de conclusión: realidad y compromiso para el siglo XXI
1 Pilares de la vida espiritual de Agustín
Si vamos a reflexionar sobre algunos pilares de la vida espiritual de San Agustín, les propongo cuatro. Todos se complementan:
interioridad, conversión, vida común y servicio a la Iglesia.
1.1La interioridad
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Para San Agustín, la interioridad fue su gran descubrimiento; la experiencia
de este hombre singular se sintetiza en esta idea: “no te desparrames,
concéntrate en tu intimidad. La verdad reside en el hombre interior.”2.
Agustín define la interioridad como el recogimiento dentro de sí. Es el
retorno al propio centro, a Dios. Y el encuentro de Dios dentro de sí se da
por el autoconocimiento.
Quien quiera conocer la verdad debe viajar a su interior, bucear en él,
descubrir allí la presencia silenciosa del Maestro interior y dejarse instruir
por él. «Yo soy el que oye; el que habla es él; yo tengo que ser iluminado, él
es la luz; yo soy el que oye, él es el verbo»3.
Para llegar a un autoconocimiento y encontrar a Dios en el interior, es
necesario hacer silencio, en todos los aspectos, ya sea físico, afectivo y
mental: “Deja siempre un poco de espacio tanto para la reflexión como para
el silencio. Entra en ti mismo, deja atrás el ruido y la confusión. Sumérgete
en tu interioridad y trata de encontrar ese dulce y escondido camino del
alma donde podrás olvidarte de los ruidos y argumentaciones; donde no
necesitas discutir contigo mismo para demostrar que siempre tienes razón y
que estás en lo cierto. Escucha la voz de la verdad en silencio para que
puedas entenderla"4.
Entonces en un mundo como el nuestro, fascinado por las cosas, por la
posesión, el disfrute o el deseo frustrado de cosas, escribir o hablar de
interioridad, puede parecer un tanto incómodo, pero sigue siendo
imprescindible.
Porque somos lo que somos, querámoslo o no. Hay que ver qué difícil resulta
al hombre de hoy volverse hacia sí mismo.
2 De ver. rel.39,72.
3 SAN AGUSTÍN, Tratados sobre el Evangelio de San Juan, 13, 12.
4 SAN AGUSTÍN, Sermón 52, 22, BAC, Tomo X, Madrid, 1983.
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Ávido de exterioridades, su misma avidez lo conduce al vacío, y huyendo de sí mismo, cae en la tortura de la multiplicidad y, por ende, en la dispersión.
Volver a uno mismo es la clave de la reconstrucción interior en San Agustín, vale decir, la conversión. La alienación de sí es la causa de la degradación espiritual del hombre, la pérdida de los valores, la pérdida de su propia esencia.
La persona extrovertida vive arrojando sus propias intimidades; lejos de sí misma carece de paz interior.
Vive en la carcajada, pero carece de alegría, no posee las cosas, sino que las cosas le poseen a él; vive dominado por sus pasiones, dice ser libre, pero tiene tantos señores como vicios.
El hombre agustiniano es siempre discípulo, que más que aprender necesita “aprenderse”, un alumno que más que conocer muchas cosas necesita conocerse a sí mismo, que vive su existencia en clave de “hacimiento”, en permanente formación, y en formación permanente.
La interioridad es el retorno al propio centro, es ver la realidad desde Dios. Quien mira la realidad desde la periferia, solo ve fragmentos. Quien la observa desde el centro la abarca en su totalidad.
Por eso, las cosas exteriores toman su medida exacta cuando se ven desde el interior.
Cuando uno mira la vida desde adentro, todo resulta maravillosamente iluminado, integrado: lo externo y lo interno, lo personal y lo social, lo sagrado y lo profano, el amor al justo y el amor al pecador.
El hombre interiorizado comprende siempre al que vive confundido y desorientado, pero no a la inversa.
Por eso las almas más íntegras y liberadas del pecado son las más comprensivas, en cambio, nadie es más crítico con un pecador que otro pecador.
Por lo visto, no hay peor cuña que la de la misma madera.
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La primera necesidad humana es ser uno mismo, persona libre, autónoma, con las riendas de la vida en las propias manos.
Si te sientes atrapado por lo exterior pasas a ser un esclavo.
El hombre sin interioridad apoya su existencia, ocupa sus horas, en la acción desenfrenada. Acepta ser una pieza en el engranaje del trabajo, tiene miedo a quedarse a solas, porque interiormente es pura ausencia, se siente deshabitado. Por eso huye, corre, traga, consume. Todo menos pensar.
El camino de la interioridad agustiniana se caracteriza por una invitación a no caer en las redes del vacío o la superficialidad. Es en la interioridad donde decidimos nuestro destino, donde aprendemos a conocernos y valorarnos.
Es en la interioridad donde construimos nuestra propia vida, nuestra preciada identidad. En el interior del hombre está la verdad, en el interior habita Dios como en su templo; desde el interior Cristo nos enseña la verdad.
Pero la interioridad agustiniana no es un método de introspección. Si no hay trascendencia puede convertirse en narcisismo, en fría y estéril soledad.
Trascenderse es salir al encuentro de Dios y empeñarse en la construcción de quien todavía no somos. Trascenderse es un camino de superación y de esperanza, podemos iniciar un camino hacia Dios porque Dios nos habita en lo más íntimo.
Es la presencia amorosa de Dios en el hombre quien origina ese itinerario.
Por eso quien se orienta hacia Dios vive una experiencia difícil de explicar; busca, pero sobre todo es buscado; llama, pero sobre todo es llamado. Da pasos, pero es atraído por Alguien. Es la gracia que nos llama a encontrarnos con Dios en el corazón.
A veces la realidad cotidiana asfixia la interioridad, es decir, el silencio y la reflexión.
Desde la espiritualidad agustiniana estamos llamados a recordar con gratitud que san Agustín ha sido considerado como el maestro de la interioridad.
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El hombre alcanza su madurez cuando dialoga consigo mismo y se formula en el claustro de su intimidad, la pregunta por el sentido de su vida.
Desde la interioridad agustiniana intentamos labrar hombres y mujeres reflexivos, de vida interior.
Y cuántas veces nos quedamos en el intento. No es fácil en un mundo de múltiples y excitantes reclamos externos.
Entrar y vivir dentro de uno mismo no es olvidar las realidades circundantes, tan duras y difíciles frecuentemente, sino mirarlas desde dentro, desde lo esencial, no desde la periferia.
Es decir, situarnos a niveles profundos de visión para enfrentar la vida con autonomía, criticidad, autenticidad, responsabilidad, coherencia y creatividad. La interioridad es el primer paso para la conversión, si cultivamos nuestra vida interior podremos continuar con el proceso de la conversión; esto nos llevará luego a poder asumir un compromiso con nuestra sociedad.
1.2 La conversión
Aurelio Agustín de Tagaste ha cumplido sus 30 años de edad. Para cuantos le conocen, la trayectoria de su vida ha sido evidentemente exitosa: posee una carrera brillante, su prestigio ha llegado al mismo emperador; tiene fama y dinero; dispone de algún círculo de amigos que le admiran y casi le idolatran. Anheló ardientemente amar y ser amado, y ha disfrutado, sin limitaciones, del amor y los placeres del sexo.
Sin embargo; Agustín es un hombre insatisfecho. En el fondo lo que anhela es ser feliz, vivir su existencia con sentido, autenticidad y plenitud. Y la experiencia le ha ido demostrando que allí donde creyó encontrar, sólo descubrió un ilusorio espejismo: Eso no le hacía feliz. Encaminó entonces sus pasos a un estudio serio de la Filosofía; después buscó la religiosidad en la secta maniquea, para concluir, escéptico, que mejor era no meterse en
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profundidades5. Vacío, perdido y confuso interiormente, Agustín termina descubriéndose como un enigma (Confesiones X, 33, 50) y decide hacer de sí mismo la gran cuestión (Confesiones IV, 4, 9).
La frustración de las aspiraciones más profundas del hombre genera inquietud: “en todos nuestros deseos buscamos el descanso”.
Es la razón de nuestra búsqueda. Por eso cuando uno halla aquello que no debería buscar, lejos de encontrar descanso, lo que encuentra es más inquietud. El ser humano intenta escapar de su insatisfacción, buscando satisfacciones: “había llegado yo hacer el mayor de la Escuela de Retórica, y me gozaba de ello soberbiamente y me hinchaba de orgullo…Estudiaba entonces los libros de elocuencia, intentaba satisfacer mi vanidad humana” (Conf III, 3, 67).
Lo primero con que se encuentra todo aquel que se decide a tomar en serio su vida, son sus insatisfacciones; la insatisfacción es el motor que lanza al hombre a buscar. Ahora bien, hay que entender qué tipo de insatisfacción tenemos:
El hombre superficial, cuando se siente insatisfecho, busca satisfacciones: distracción, entretenimiento, placer, evasión.
Pero resulta que la insatisfacción profunda no es placentera. El hombre serio y profundo, al descubrirse insatisfecho, medita, busca esclarecer dónde y cómo está el mal de su sin sentido de la vida.
Descubrirse insatisfecho puede ser un providencial punto de partida, y una luminosa orientación para, volviendo hacia sí mismo, emprender el retorno hacia las fuentes de la vida, de las que quizás por inconsciencia, nos hemos alejado.
5 GALENDE FRANCISCO, El hombre en camino hacia Dios: en el dinamismo espiritual agustiniano, Santiago de Chile 1989, Pag 19.
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La insatisfacción es siempre portadora de un secreto Mensaje. Agustín fue por largos años un hombre insatisfecho; pero supo al fin, acorralarse a sí mismo, con su honesta interrogación hasta encontrar el camino de la verdad.
Un día, mientras Agustín preparaba un discurso para honrar y ensalzar al Emperador, en el que sabía que diría muchas mentiras, con tal de agradarle, se encontró en la calle con un mendigo que vivía de limosnas y, no obstante, danzaba, cantaba y reía como el más feliz de los mortales. Avergonzado de sí mismo, Agustín comentó con sus amigos “los muchos dolores que nos acarrean nuestras locuras, porque con todos nuestros empeños, cuáles eran los que entonces me afligían, no hacía más que arrastrar la carga de mi infelicidad, aguijoneado por mis apetitos, aumentarla al arrastrarla, para al fin no conseguir otra cosa que una pasajera alegría, en la que ya nos había adelantado aquel mendigo y a la que tal vez no llegaríamos nosotros. Porque lo que éste había conseguido con unas cuantas monedillas de limosna era exactamente a lo que aspiraba yo por tan trabajosos caminos y rodeos” (Conf.VI, 6,9). Agustín descubre que está equivocando el rumbo. Y se pone en búsqueda.
Sin duda alguna en algún momento de su vida escucharon hablar de la Conversión de San Agustín; que va de la mano con la interioridad y la búsqueda constante de la Verdad.
Después de un largo recorrido Agustín padece en su carne, la gran tortura de no conocer la verdad, la busca por todas partes y no la encuentra, y es más la desconoce porque no se conoce así mismo: «Que te conozca a ti, Señor, conocedor mío; que te conozca a ti, fortaleza de mi alma»6. Cae en la cuenta que debe hacer un alto, para indagar dentro de sí mismo y así encontrar
6 S AGUSTÍN, Soliloquios del alma a Dios, 1, 1, BAC, XLI, Madrid, 2002.
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respuestas a sus inquietudes: «“!Ay verdad! ¡Cómo ya entonces desde lo más íntimo de mi alma, suspiraba por ti!»7.
Siendo así, Agustín comienza a interesarse por las Sagradas Escrituras, especialmente por las cartas de San Pablo, en ellas descubre a Cristo, el Maestro interior.
Un día Agustín recibió la visita de su amigo Ponticiano. Se dio cuenta que tenía interés por los libros sagrados y aprovechó para contarle la vida de Antonio, monje de Egipto, respetado por su estilo de vida; al caer en la cuenta que Agustín estaba muy atento les habla de las muchedumbres que viven en los monasterios, sobre su estilo de vida, sobre la fertilidad del desierto y la riqueza de su vivencia espiritual. Queda más sorprendido cuando se entera que, afuera de Milán había un monasterio poblado de muchos hermanos, dirigidos por Ambrosio.
A estas alturas, Agustín tiene muchas cosas en su cabeza, y después de pasar momentos de dudas, desesperación, pero sobre todo con un gran deseo de encontrar la verdad y el anhelo de cambiar, tiene la experiencia profunda que se llama conversión. Se retira al jardín de su casa, Alipio su gran amigo no lo deja solo, y durante un tiempo conversan juntos, luego Agustín se impacienta y se retira de Alipio.
Resulta apasionante el relato de su conversión en el libro de las Confesiones
Me levanté para separarme de Alipio, pues me pareció que para llorar era más conveniente la soledad, y me retiré lo más lejos que pude para que incluso su presencia física no me fuera estorbo […] Él se quedó en el lugar donde estábamos sentados. No sé como caí derrumbado a los pies de una higuera y solté las riendas de mis lágrimas y se desbordaban dos ríos de mis
7 S AGUSTÍN, Las Confesiones, Iquitos 1986, 3, 6, 10.
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ojos, sacrificio que te es aceptable. Te dije cosas como éstas: tú Señor, ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo, Señor vas a estar eternamente enojado? (Salmo 6, 4). No te acuerdes Señor de nuestras maldades pasadas. Al sentirme prisionero de ellas, daba voces lastimeras: ¿Hasta cuándo voy a seguir diciendo mañana mañana? ¿Por qué no ahora mismo? ¿Por qué no poner fin ahora mismo a mis torpezas? […] De repente oigo una voz procedente de la casa vecina, una voz, no sé si de un niño o de una niña, que decía cantando y repetía muchas veces: ¡Toma y lee! ¡Toma y lee! En ese momento con el semblante alterado comencé a reflexionar atentamente si en algún tipo de juego los niños acostumbraban a cantar algo parecido, pero no recordaba haberlo oído nunca. Conteniendo pues, la fuerza de las lágrimas, me incorporé interpretando que el mandato que me venía de Dios no era otro que abrir el códice y leer el primer capítulo con que topase […] Así pues, me apresuré a acudir al sitio donde estaba situado Alipio. Allí había dejado el códice del apóstol […] Lo tomé en mis manos, lo abrí y en silencio leí el primer capítulo que me vino a los ojos: “nada de banquetes con borracheras, nada de prostitución o de vicios, o de pleitos, o de envidias. Más bien revístanse de Cristo Jesús el Señor: No se conduzcan por la carne, poniéndose al servicio de sus impulsos” (Rom 13, 13-14). No quise leer más ni era necesario tampoco. Al punto, nada más acabar la lectura de este pasaje, sentí como si una luz de seguridad se hubiera derramado en mi corazón, ahuyentando todas las tinieblas de mi duda8.
Algo nuevo acontece en la vida de Agustín, el encuentro con la verdad, Cristo, de consecuencias sorprendentes. Su proceso de conversión se expresa en un cambio de valores y comienza a preguntarse; cómo será el estilo de vida que debe seguir; en el libro de Los Soliloquios comenta: «De ahora en
8 Ibid., 8, 12, 28-29.
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adelante sólo a ti te amo, sólo a ti quiero estar unido. A ti te busco, quiero servirte, porque sólo tú eres mi Señor. Quiero pertenecer sólo a ti»9.
Su primera etapa de conversión culmina en el bautismo, que pide y recibe de manos de Ambrosio.
Ahora ve su vida a la luz de la fe, la Palabra de Dios, la humildad, la interioridad, la amistad, etc.
Su conversión nos ilumina para hacer frente a los desafíos de la misión del siglo XXI; Agustín un hombre de ayer para el mundo de hoy.
El Papa Benedicto XVI es un enamorado del pensamiento de Agustín, durante los meses de enero y febrero del 2008 dedicó en las audiencias generales sus reflexiones sobre San Agustín, uno de los más grandes convertidos de la historia cristiana.
El Papa hace visible su personal devoción y reconocimiento, ya que se siente profundamente unido por la importancia que ha tenido en su vida como teólogo, sacerdote y pastor.
¿Por qué uno de los más grandes convertidos? Porque la conversión de San Agustín no fue algo repentino ni tuvo lugar plenamente desde el inicio, sino que es un verdadero camino de búsqueda constante, que puede ser un modelo para todos los hombres y mujeres de hoy. «El camino de conversión de Agustín continuó humildemente hasta el final de su vida, hasta el punto de que se puede verdaderamente decir que en sus diferentes etapas se pueden distinguir fácilmente tres y que éstas forman una única y gran conversión»10.
A continuación, estas tres etapas:
9 SAN AGUSTÍN, Soliloquios del alma a Dios, 1, 1, 5, BAC, XLI, Madrid, 2002.
10 BENEDICTO XVI, Reflexiones sobre San Agustín: San Agustín, uno de los más grandes conversos de la historia, Iquitos 2008, Audiencias generales enero-febrero 2008, 36.
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a. La primera conversión
Durante toda su vida fue un apasionado de la verdad; en su primera etapa del camino de la conversión lo hizo mediante el acercamiento progresivo del cristianismo. Su madre lo acompañó en todo momento, recibió de ella una educación cristiana; aún en sus años de juventud donde llevó una vida desordenada, siempre sintió una profunda atracción por Cristo, habiendo bebido el amor por el nombre del Señor con la leche materna como él mismo subraya en el libro de sus confesiones.
La filosofía de orientación platónica, contribuyó para que Agustín se acercarse a Cristo, ésta le manifestó la existencia del logos, la razón creadora, pero no le manifestó cómo alcanzar este logos. Sólo la lectura de las cartas de Pablo en la fe de la Iglesia Católica, le revelaron la verdad, cuando escuchó en el jardín la voz infantil que le decía “toma y lee, toma y lee”.
«Había comprendido que esa palabra, en aquel momento, se dirigía personalmente a él, procedía de Dios a través del apóstol y le indicaba qué es lo que tenía que hacer en ese momento. De este modo sintió cómo se despejaban las tinieblas de la duda y era liberado para entregarse totalmente a Cristo»11. Esta fue la primera y decisiva conversión.
b. La Segunda conversión
Es un camino que hay que recorrer, con paciencia, valentía, humildad, abiertos al cambio, a una purificación permanente, es algo que cada hombre y mujer necesita.
Pero el camino de Agustín no había concluido con aquella Vigilia pascual del año 387. Al regresar a África, fundó un pequeño monasterio y se retiró a él, junto a unos pocos amigos, para dedicarse a la vida contemplativa y de
11 Ibid., 38.
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estudio. Este era el sueño de su vida. Ahora estaba llamado a vivir totalmente para la verdad, con la verdad, en la amistad de Cristo, que es la verdad. Un hermoso sueño que duró tres años, hasta que a pesar suyo, fue consagrado sacerdote en Hipona y destinado a servir a los fieles. Ciertamente siguió viviendo con Cristo y por Cristo, pero al servicio de todos. Esto era muy difícil para él, pero comprendió desde el inicio que sólo viviendo para los demás, y no simplemente para su contemplación privada podía realmente vivir con Cristo y por Cristo12.
De esta manera Agustín aprendió a pensar en los demás. Aunque con dificultad, puso a disposición el fruto de su inteligencia; aprendió a comunicar su experiencia de fe a la gente sencilla. Predicó continuamente para la construcción del reino, algunas veces tenía que reprender, pero todas sus predicas eran desde la bondad y justicia de Dios.
Entonces su segunda conversión consistió en comprender que se llega a los demás con sencillez y humildad.
c. La tercera conversión
Esta conversión; es la que llevó cada día de su vida a pedir perdón a Dios. «Al inicio había pensado que una vez bautizado en la vida de comunión con Cristo, en los sacramentos, en la celebración de la Eucaristía, iba a llegar a la vida propuesta por el Sermón de la Montaña: la perfección donada en el bautismo y reconfirmada en la Eucaristía»13.
Se da cuenta que sólo el mismo Cristo realiza verdadera y completamente el Sermón de la Montaña. Cada uno de nosotros tenemos siempre la necesidad de ser lavados por Cristo, que nos lava los pies para quedar renovados.
12 Ibid., 39.
13 Ibid., 40
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Todos tenemos la necesidad de una conversión permanente. Todos los días de nuestra vida hasta el final, necesitamos esta humildad que nos invita a reconocer que somos pecadores en camino, hasta que nuestro Señor nos da la mano definitivamente y nos introduce a la vida eterna.
Su vida de humildad es una de las virtudes que más le ha caracterizado; él siendo una lumbrera y una de las figuras más grandes en la historia del pensamiento, no se sintió más que los demás, sino al contrario poseía la virtud de la humildad intelectual.
«San Agustín convertido a Cristo, que es verdad y amor, lo siguió durante toda la vida y se transformó en un modelo para todos ser humano, para todos nosotros, en la búsqueda de Dios»14 .
En este siglo XXI la humanidad entera, tiene la necesidad de conocer y sobre todo de vivir con su testimonio esta realidad fundamental. Dios es el verdadero amor y el encuentro con él es la única respuesta a las inquietudes del corazón humano.
1.3Vida Común
San Agustín se inspira y parte de una intuición sicológica, de una verdad filosófica y de una clarividencia evangélica. Antes y después de convertirse, al anhelar y proyectar un ideal de vida humana y social, cristiano y eclesial, lo hace desde un postulado fundamental de la sicología humana, de la reflexión filosófica del momento histórico en que vive y de la teología apostólica. Su proyecto de vida se centra en la comunión, en la amistad, en la fraternidad abierta y significada por la Trascendencia.
A aquellos que quieren tomar parte en su experiencia de búsqueda de Dios, Agustín les propone el ejemplo de la primitiva comunidad cristiana de
14 Ibid.
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Jerusalén, referido en los Hechos de los Apóstoles: “Todos tenían un solo corazón y una sola alma, todo lo tenían en común y a cada uno se le daba según su necesidad”. “Lo primero por lo que se han reunido en comunidad es para que vivan en la casa unánimes, con una sola alma y un solo corazón hacia Dios”15.
Ahí radica la originalidad de la fraternidad de Agustín. Busca la unión del alma y de corazones, hace fraternidad para buscar la sabiduría, para perfeccionarse humana y cristianamente.
El carisma agustiniano de la comunión encuentra su base teológica en el hecho de que Dios habita en la comunidad en cuanto tal y no sólo en los individuos. Muchos están llenos de cosas, de preocupaciones, que no dejan sitio para Dios. Y comenta Agustín, quien desea verse habitado por Dios tiene que dar cabida a lo comunitario, dejarse habitar por los otros.
“La comunidad es el eje en torno al cual gira la vida religiosa agustiniana: comunidad de Hermanos que viven unánimes en la casa, teniendo una sola alma y un solo corazón, buscando juntos a Dios y dispuestos al servicio de la Iglesia” (Constituciones II, 26).
Unidad de ideales y de proyectos, perfecta vida común, respeto por las necesidades y la dignidad de la persona: son las tres notas que caracterizan la comunidad agustiniana, la cual en el pensamiento de Agustín, quiere ser en la tierra un signo de la ciudad celestial, imagen, aunque pálida e imperfecta, de la perfectísima comunión que se da entre las tres personas de la Santísima Trinidad.
Situada así la comunidad, la obediencia se convierte en colaboración, la pobreza en un compartir, la castidad en un medio que abre el corazón a la
15 Regla de San Agustín, I.
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acogida y al sentido de la fraternidad universal; el peso de la vida común es superado con la amistad en Cristo que no sólo fortifica la personalidad, sino que acrecienta la verdadera libertad del individuo; la humildad, que es la base de la vida común se convierte en sentido de responsabilidad.
“La comunidad agustiniana está llamada a ser signo profético en este mundo, de modo que su vida fraterna sea fuente de comunión y motivo de esperanza” (Constituciones II, 33).
1.4El Servicio a la Iglesia
No puede tener a Dios por Padre quien no tiene como madre a la Iglesia, empujado por esta convicción expresada anteriormente por san Cipriano y habiéndola hecho propia, Agustín empleó todas sus energías en luchar por la unidad de la Iglesia y en salvar la integridad de la fe contra las herejías.
Sin duda alguna Agustín amó tanto a la Iglesia de Cristo que comprendió las necesidades que tenía, él no era sacerdote, pero el pueblo lo eligió. Amó profundamente a la Iglesia que asumió el papel de un buen pastor a ejemplo de Cristo el Buen Pastor por excelencia que da la vida por sus ovejas.
La vida espiritual de San Agustín no nos diría nada, o más aún perdería su valor, si ésta no le hubiese llevado a asumir un compromiso con la Iglesia, la sociedad, con los pobres, con la justicia.
En su itinerario espiritual san Agustín, experimentó el proceso de su conversión iniciando por la búsqueda de la verdad que le llevó a la interioridad y al autoconocimiento; se dio cuenta que la verdad estaba en su interior, pudo sentir la alegría del encuentro personal con Cristo mediante la Palabra de Dios; ahora su conversión, le lleva a dar el siguiente paso que es asumir un compromiso solidario, creativo, justo, fiel y de esperanza con su pueblo.
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Agustín asumió un compromiso con la Iglesia, que se manifestó mediante la opción preferencial por los pobres, expresada en la capacidad de compartir y solidarizarse con ellos.
El contexto en que vivió Agustín era difícil y oscuro, había pocos ricos e innumerables pobres, los primeros vivían en suntuosas mansiones, y los pobres en pésimas condiciones. El panorama de los pobres era desconsolador, vivían en dramáticas situaciones, hasta el punto de tener que vender a sus hijos, porque no tenían para darles de comer; entre las clases marginadas también se encontraban los esclavos.
«La Iglesia se empeñaba a fondo en su liberación. Ésta se hacía como un rito. El Señor iba a la Iglesia acompañado del esclavo, se daba la lectura al acta de libertad, el esclavo rompía el acta de compra y quedaba en libertad. Pero con frecuencia pasaba a vivir en condiciones todavía más precarias»16.
Agustín sigue la tradición cristiana, aprendida en el Evangelio de Jesús; es decir la opción por los pobres y los últimos, sin excluir a nadie.
En la Hipona contemporánea de Agustín, había muchos pobres, que vivían en chozas, éstas estaban ennegrecidas internamente por el humo. En el sermón 170, 4, Agustín se dirige a los pobres con el epíteto de “ahumados”. Subsistía como ya lo hemos mencionado, el problema de la esclavitud, como en toda civilización antigua. En una casa rica podía haber cientos de esclavos. No todos recibían igual trato. Había esclavos que ocupaban puestos destacados en la casa, como funcionarios, ecónomos, pedagogos de los niños. Algunas esclavas eran nodrizas y formaban parte de la familia, sirvientes en la mesa o mozos de baño. Pero también era habitual el maltrato. Podían ser manejados peor que animales y valorados menos que una bestia. Decía Agustín: «Un cristiano no puede poseer un esclavo como posee un
16 N. CASTELLANOS, Memoria profecía y liberación hacia el Reino, Madrid 2007, 177.
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caballo o la plata, aunque suele suceder que el esclavo tenga menos precio que el caballo y mucho menos que algún objeto de oro o plata»17. Regían aún los castigos del látigo, las cadenas o la rueda del molino; «El siervo teme ofender a su señor por temor a que le mande azotar, o encadenar, o recluir en la cárcel o a ser triturado en el molino»18. Ante esta dura realidad, Agustín se preocupaba por hacer llevadera su condición, mejorando las relaciones entre señores y esclavos.
En su acción pastoral frente a la pobreza y la marginación; la Sagrada Escritura le ilumina en sus reflexiones. Muchas veces, comentando diversos textos bíblicos, habla Agustín de Cristo se identifica en el pobre. Basado en este texto de Mateo dirá en el sermón 390:
“Cristo tu Señor es rico allá arriba, y pobre aquí abajo. Aquí sufre hambre, te pide que le concedas un préstamo y él te restituirá lo justo […] da a los pobres, no temas perder nada; cuando das a uno de sus pequeños, es a Cristo a quien das […] Yo, dirá, fui quien recibió cuando un pobre lo recibió; en él yo sufría hambre y en él me saciaba. Da con tranquilidad; el Señor es quien recibe, el Señor es quien pide19.
La limosna es para Agustín un modo de redistribuir la riqueza, enriqueciendo espiritualmente a los ricos al practicarla y dando a los pobres medios de subsistencia.
No es algo opcional para los ricos, pues los bienes que poseen son don de Dios y es de justicia que haga participes de las mismas a los pobres. «Si dieras de lo tuyo sería prodigalidad, pero dando lo de Él, es devolución de una deuda que tienes»20.
17 SAN AGUSTÍN, Sermón 1, 19, 59, BAC, Tomo VII, Madrid 1981.
18 Ibid., 161, 9.
19 Ibid., 390, 2.
20 SAN AGUSTÍN, Comentario a los salmos, 95, 15, BAC, Tomo XXI, Madrid 1966.
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La opción por Cristo, obligatoria y propia de todo cristiano, está relacionada con esta dimensión de solidaridad con el pobre. Cristo está necesitado cuando lo está un pobre; padece hambre en los pobres. No hacer nada por el pobre, será hacer insignificativa nuestra opción por Cristo.
Lucas 16, 19-31 (el rico comilón y el pobre Lázaro)
Todos tenemos en mente este pasaje evangélico. San Agustín comenta la igualdad de estos dos hombres, no sólo por naturaleza, sino también ante Dios: «Los dos eran ciertamente hombres, hombres de carne y mortales, pero no eran iguales. La naturaleza era la misma, pero el modo de vida no. Ninguno de ellos está libre de condición mortal y, sin embargo, uno banquetea espléndidamente y el otro aparece todo asqueroso, envuelto en andrajos y miseria»21.
La posesión de bienes no hace de distinta naturaleza al rico o al pobre, ya que ambos comparten igual naturaleza, muriendo de igual forma. Dice Agustín a propósito del mismo texto: «Pero yo pregunto a los hombres desnudos. No pregunto cuando están vestidos, sino cuando nacieron. Ambos desnudos, ambos débiles, ambos iniciando una vida desdichada, y por tanto ambos llorando»22.
La condena del rico en la parábola es a causa de su orgullo, que es el pecado primordial. Es un orgullo cercano al de los primeros padres, que desearon poseer más de lo que recibieron y ser más de lo que eran.
El desequilibrio entre pobres y ricos, como el problema de la dominación sobre otro ser humano, no está en la naturaleza de las cosas o en el plan de
21 SAN AGUSTÍN, Sermón, 367, 1.
22 Ibid., 61, 8.
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Dios. Es fruto del pecado. Fuimos creados a imagen de Dios trinitario, para vivir en comunión, pero el egoísmo ha creado las diferencias.
Resumiendo a manera de reflexión. Quien padece pobreza no goza de una situación ideal, pero es consciente de sus limitaciones y más fácilmente puede abrirse a la necesidad que siente de los otros y de Dios, está más cerca de experimentar la pobreza de espíritu. Por el contrario, el rico corre el riesgo de pensar que no necesita de nadie.
Agustín y sus gestos de solidaridad
a. Agustín con su pobreza afronta la pobreza de sus fieles
«Crea un fondo social, alimentado por todos, para remediar las necesidades de sus fieles»23.
Nos relata Posidio su biógrafo: Cuando estaban vacías las arcas de la Iglesia, faltándole con qué socorrer a los pobres, enseguida lo ponía en conocimiento de los fieles. Mandó fundir los vasos sagrados para socorrer a los cautivos. «La Iglesia de Hipona tenía organizado el servicio a los pobres, desde almacenar cereales y aceitunas hasta haber ordenado a un grupo de diáconos, que eran las manos del obispo en la atención a los pobres. Agustín les invitaba a su propia mesa todos los años en el aniversario de su ordenación episcopal»24.
b. Postura profética y denunciadora
«La asume desde su opción por los pobres, y toma conciencia, de organización y de animación; y también desde aquel axioma: “Dios no ha querido que el hombre domine al hombre”. Su denuncia llega hasta donde haya corrupción. Un tema predilecto de la predicación es la distancia social
23 N. CASTELLANOS, Memoria profecía y liberación hacia el Reino, Madrid 2007, 177.
24 Ibid., 178.
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entre los ricos y los pobres, pues al rico el vaso no le basta, quiere beber el río entero»25.
Hubo también hombres deshonestos que con avidez arreglaban sus negocios, de tal modo que los bienes de los otros, pasaban a sus propias manos y con todo se enorgullecían de su generosidad para los pobres. Ante esa situación Agustín les responde:
Cristo dice: “Lo que hiciste a uno de mis pequeños, a mí me lo hiciste”. Comprende, pues necio, que quieres dar limosna de lo robado, que si cuando alimentabas a un cristiano alimentabas a Cristo, cuando despojas a un cristiano despojas también a Cristo […] Y aún cuando un cristiano despoja a un pagano, Cristo responderá: también aquí debes evitar males, porque así le impides al pagano que se haga cristiano26.
San Agustín ataca duramente a los usureros, a los administradores que ponen cargas excesivas: no duda en llamarles ladrones y traficantes.
c. Visita a las autoridades en nombre de los pobres
Le resulta penoso y muchas veces, infructuoso, pero por la causa que busca y le motiva, venciendo su timidez, va a su encuentro. Él mismo nos relata:
Frecuentemente se oye hablar: fue a encontrarse con tal autoridad, ¿es el lugar de un obispo? Sin embargo, ustedes saben perfectamente que son justamente sus necesidades las que nos hacen ir allá donde no queríamos ir, que nos fuerzan a esperar, a colocarnos en la puerta, para esperar la entrada de los pequeños y de los grandes. Nos quedamos mucho tiempo esperando la antesala y nos reciben con gran dificultad. ¡Cuántas humillaciones! Nos vemos obligados a suplicar para obtener satisfacción y muchas veces
25 Ibid., 181.
26 SAN AGUSTÍN, Sermón 178, 4-5, BAC, Tomo XXIII, Madrid 1983.
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volvemos para casa con las manos vacías, Ahórrennos esos penosos procedimientos. No nos fuercen a tanto. Nosotros no deseamos encontrarnos con las autoridades. Ellas saben, además, que sólo aceptamos esas diligencias a regañadientes27.
No hay duda que el testimonio de Agustín y de su fraternidad a favor de liberación de todo pecado y todo tipo de opresión y marginación, es un ejemplo para muchos hombres y mujeres. Su testimonio es un fiel reflejo de toda la tradición de la Iglesia, del mismo Jesús. Agustín tiene como primacía la opción por los pobres.
Es importante para todos los hombres y mujeres descubrir que todas las riquezas del mundo no pueden saciar las inquietudes más profundas del ser humano. Sólo quien descubre a Dios, verdadera riqueza, puede redimensionar su deseo de poseer y abrirse a la solidaridad de los demás.
Agustín nos invita en este siglo XXI a devolver a los hombres la esperanza de encontrar la verdad, de optar por la opción preferencial por los pobres y devolverle la dignidad a todos los seres humanos como Cristo lo hizo.
Agustín y la gran herencia
Su primer biógrafo san Posidio, dice acerca de Agustín:
“No hizo ningún testamento porque, como pobre de Dios, nada tenía que dejar”. Mirando a los venideros, mandaba siempre que guardasen con esmero la biblioteca entera de la Iglesia y los códices antiguos.
En su vida y a la hora de su muerte trató con atención a sus parientes, religiosos o seglares; y si era necesario, los proveía, como a los demás, de lo
27 Ibid., 302, 17.
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sobrante. No para enriquecerlos, sino para que no padeciesen necesidad o para aliviarla.
Dejó a la Iglesia clero abundante y monasterios llenos de religiosos y religiosas, con su debida organización, su biblioteca provista de sus propios libros y tratados y los de otros santos. En ellos se refleja la singular grandeza de este hombre dado por Dios a la Iglesia. Allí los fieles le encuentran inmortal y vivo.
En sus escritos, podemos caer en la cuenta cómo aquel hombre tan agradable y amado por Dios, vivió según la saludable y recta fe, esperanza y caridad de la Iglesia Católica.
¡Oh santo padre Agustín! En este contexto del siglo XXI, hacen falta muchos hombres santos y sabios como tú, que se sientan insatisfechos para encontrarle el sentido a la vida, que peregrinen en su corazón para encontrarse con Dios en lo más íntimo de nuestro ser, para luego salir a predicar la bondad de Dios a nuestros pueblos, dejando una gran herencia con el testimonio de vida.
2. La espiritualidad agustiniana un testimonio para el siglo XXI
Hemos visto la riqueza insondable de este gran hombre, qué podemos aprender para nuestra misión del siglo XXI. Vemos que si queremos ser fieles a su pensamiento y espiritualidad de comunión, tenemos que abrir nuestros ojos y pisar la realidad, hoy más que nunca necesitamos poner en práctica y reflexionar sobre las directrices que nos propone el Concilio Vaticano II, después de las Sagradas Escrituras, san Agustín es el más citado por el Concilio. Se nos habla mucho de la Eclesiología de Comunión. El Concilio Vaticano II es considerado por muchos expertos como un verdadero pentecostés, una primavera eclesial.
A continuación, algunos datos para ubicarnos:
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La figura de Juan XXIII, ahora en este siglo XXI San Juan XXIII. Elegido a la muerte de Pio XII, en 1958 como un papa de transición realizó una verdadera revolución teológica y eclesial28.
Sus orígenes pobres en una familia muy cristiana de campesinos, sus estudios históricos sobre Gregorio Magno y sobre la figura reformadora después de Trento de San Carlos Borromeo, el haber sufrido la sospecha de ser modernista en tiempos de Pio X, su experiencia ecuménica en contacto con los cristianos de la Iglesia oriental de Grecia, Bulgaria y Turquía, su encuentro con la cultura moderna en Paris y su experiencia de pastoral urbana en la moderna ciudad de Venecia, hicieron de este hombre sencillo y bueno, el instrumento providencial para iniciar una nueva época eclesial y cerrar la Iglesia de cristiandad y de contrareforma.
Había recibido como herencia de Pio XII una Iglesia fuertemente centralizada y jerarquizada, con prestigio mundial y que vivía el apogeo de lo que Rahner llama la época piana (de los últimos papas pio)29.
En ese ambiente rígido y ante el asombro de todo el mundo, Juan XXIII convoca un concilio ecuménico, que se llamará Vaticano II.
Mucho debe también el Vaticano II a la figura de Pablo VI, gracias al cual el Concilio se pudo llevar a feliz término, gracias a su gran preparación Teológica y a su conocimiento de la curia romana.
El Concilio Vaticano II acabó inspirando sus 16 documentos sobre la doctrina y práctica eclesial, (4 constituciones, 9 decretos y 3 declaraciones). El Concilio pide que se reflexione sobre el Pueblo de Dios. Hay dos Constituciones maravillosas: La Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium (documento Ad Intra) Constitución Pastoral Gaudium et
28 CODINA Víctor, Para comprender la eclesiología desde América Latina, Verbo Divino, 2008, Pag 137.
29 Ibiden.
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Spes (Ad extra). En Lumen Gentium los padres conciliares reflexionan desde el interior de la Iglesia y quieren poner todo en su lugar, este documento nos ha dejado 8 capítulos: El misterio de la Iglesia, Pueblo de Dios, La Constitución jerárquica de la Iglesia, los laicos, la vocación a la santidad, los religiosos, la escatología y la bienaventurada virgen María. Hermanos no en vano el Concilio pone en el Segundo Capítulo al Pueblo de Dios, antes de la jerarquía, porque primero antes de ser obispos, presbíteros diáconos, primero somos pueblo de Dios, en este pueblo estamos todos los bautizados, el papa, los obispos, presbíteros, diáconos, laicos, todos los sacerdotes participamos del sacerdocio común de Jesucristo, frente a la jerarquía el Concilio nos pide nos pide tener en cuenta al Pueblo de Dios. El mismo Agustín es citado al respecto de este punto: “Si me aterra lo que soy para ustedes, también me consuela, que estoy con ustedes. Porque para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano, el primero es el nombre de un oficio, el segundo es el de la gracia, aquel es el del peligro y el segundo es el de la salvación”30. Primero somos pueblo de Dios y en él estamos todos los bautizados.
En la misma Constitución Lumen Gentium se pide ““La divina Providencia ha hecho que en diversas regiones las varias Iglesias fundadas por los Apóstoles y sus sucesores, con el correr de los tiempos se hayan reunido en grupos orgánicamente unidos que, dentro de la unidad de fe y la única constitución divina de la Iglesia, gozan de disciplina propia, de ritos litúrgicos propios y de un propio patrimonio teológico y espiritual. Entre las cuales, concretamente las antiguas Iglesias patriarcales, como madres en la fe, engendraron a otras y con ellas han quedado unidas hasta nuestros días por vínculos más estrechos de caridad tanto en la vida sacramental como en la mutua observancia de derechos y deberes. Esta variedad de Iglesias locales, dirigida a la unidad muestra con mayor evidencia la indivisa
30 LG 32.
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catolicidad de la Iglesia. Del mismo modo las Conferencias Episcopales hoy en día pueden desarrollar una obra múltiple y fecunda a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta”31.
Una vez acabado el Vaticano II, Pablo VI impulsó su aplicación a los diferentes continentes no europeos. Hubo reuniones en 1969 en Kampala (África), 1970 en Manila (Asia) y en 1968 en Medellín (Colombia). A todas ellas asistió Pablo VI.
Entonces si nosotros queremos ser fieles al Concilio, tenemos que estar en sintonía con las Conferencias del episcopado latinoamericano, que desde su Constitución como organismo en el año 1955 en Río de Janeiro puso las bases con su creación, luego haciendo eco al Concilio en el año 1968 la Conferencia de Medellín con su clara opción por los pobres y su metodología del ver juzgar y actuar, y seguidamente en 1979 la Conferencia de Puebla, reafirmando su opción por los pobres, poniendo nombre a los pobres con rostros concretos, ya en el año 1992 la Conferencia en Santo Domingo para dar gracias a Dios por los 500 años de evangelización a nuestro pueblo y reflexionar sobre la nueva evangelización en su ardor, en su método y en su expresión, se habló mucho de la promoción humana, de los indígenas y de la cultura afroamericana y por último en mayo de 2007 la Conferencia de Aparecida que recobró la metodología del ver, juzgar y actuar, pretende formar discípulos y misioneros, insiste mucho en la formación permanente de los laicos, la necesidad de un plan pastoral estructurado en cada Iglesia Particular que responda a los signos de los tiempos, también el valor que le da a la religiosidad popular y la necesidad de entrar a los areópagos.
En la cancha está hermanos agustinos seculares los pilares de la espiritualidad agustiniano, ustedes son nuestro brazo derecho en las
31 LG 23.
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parroquias, forman parte del Consejo Parroquial o equipo parroquial, caminamos juntos, para dar testimonio de la comunión desde nuestra espiritualidad agustiniana.
A continuación un resumen de cada Conferencia:
Medellín (1968)
El lema de la II Conferencia del Episcopado latinoamericano realizada en Medellín lleva por nombre: “La iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz de Concilio”.
Pero la reunión del Episcopado Latinoamericano en Medellín no se limitó a aplicar al concilio a América Latina, sino que hace una relectura del Vaticano II desde América. Para ello parte de la situación real del continente latinoamericano: pobreza, injusticia, pero también juventud fe y esperanza. Sólo después intenta reflexionar sobre la Iglesia.
Nos hallamos ante un método diferente del utilizado por Lumen Gentium que comienza de la Trinidad y desciende a la Iglesia y sus diferentes estamentos y carismas.
Medellín intenta aplicar la doctrina conciliar de los signos de los tiempos a América Latina. Su postura es profética: denuncia las estructuras de pecado y de injusticia y opta por los pobres.
Por otra parte Medellín aprovecha la encíclica de Pablo VI sobre el desarrollo de los pueblos “Populorum progressio” (1967) y busca la liberación integral del hombre. El tema del éxodo, curiosamente ausente en el Vaticano II al hablar del pueblo de Dios (LG II), se hace presente ya en la introducción de Medellín, cómo luz para que va a guiar a toda su reflexión para un continente en busca de liberación. Medellín ha sido como el Pentecostés de la Iglesia de América Latina.
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Puebla (México 1979):
Reunió a los obispos latinoamericanos en 1979, y fue presidida por el papa Juan Pablo II, quien tuvo interés en asistir a esta reunión, convocada a los 10 años de Medellín, pero aplazada, por la muerte de Juan Pablo I.
Antes de Puebla hubo una dura batalla ideológica sobre el enfoque de la reunión que tenía como tema la evangelización de América Latina. Para unos la preocupación mayor de América Latina, a la que había que dirigir la máxima atención, era el problema de la secularización y del ateísmo moderno. Para otros el problema central de América Latina era el hambre y la situación de postración del pueblo pobre. Esta última visión se impuso, no sin dificultades, pero en el texto de Puebla pueden hallarse elementos de la primera tendencia.
Puebla tiene tres ejes de lectura:
1. El desafío de la realidad latinoamericana, cuyo clamor sube al cielo, que se ha agravado desde Medellín y que constituye un escándalo y un pecado, contrario a los planes de Dios (Puebla 28-44).
2. La comunión y participación, como horizonte del plan de Dios, el Reino de Dios, que contrasta con la dura realidad latinoamericana.
3. En esta situación de contraste los obispos reunidos en Puebla hacen la opción preferencial por los pobres, opción profética en continuidad con Medellín.
Santo Domingo (1992):
Es la cuarta conferencia del episcopado latinoamericano, reunidos en Santo Domingo: Bajo el lema: “Nueva evangelización, promoción humana y cultura cristiana” se desarrolló un amplio debate que mostró la suspicacia
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y desconfianza de la curia romana frente al caminar de la Iglesia local latinoamericana: La opción por los pobres, las comunidades de base, la teología de la liberación, los mártires, su visión crítica de la conquista e incluso de la primera evangelización. La curia romana parecía más preocupada por el problema de las sectas que por el hambre y la pobreza de América Latina. En Santo Domingo se abandonó el método latinoamericano del ver, juzgar y actuar, pero a pesar de ello, se consiguió reafirmar la línea de Medellín y Puebla en su opción por los pobres y por la vida, y se abordaron temas nuevos, como la inculturación de la fe en la cultura tanto moderna como indígena y afroamericana, la tierra la ecología, los derechos humanos, la dignidad de la mujer, la democracia, la integración latinoamericana, la promoción humana, el empobrecimiento y la solidaridad.
Aparecida32 (Brasil 2007):
Para mayo de 2007 se convoca la V Conferencia del Episcopado latinoamericano y del Caribe en Aparecida Brasil. El talante conservador del Documento de participación y la notificación vaticana sobre la cristología de Jon Sobrino, a dos meses de Aparecida, crearon un clima de preocupación antes de la Conferencia.
La V Conferencia de Aparecida fue mejor de lo que se temía. Su tema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en Él, nuestros pueblos tengan vida” recuperó el método tradicional latinoamericano: se partió de un análisis de la realidad social y eclesial de América Latina, con sus luces y sus sombras, esta realidad se iluminó desde la perspectiva de la vocación cristiana a ser discípulos y misioneros de Jesucristo, para pasar luego al compromiso misionero al servicio de la vida plena de nuestros pueblos.
32 CODINA Víctor, Para comprender la eclesiología desde América Latina, Verbo Divino, 2008, Pag 173.
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Aparecida asume las grandes opciones de la Iglesia Latinoamericana y del Caribe (por los pobres, por las comunidades de base, por la inculturación de la fe, por el protagonismo de los laicos).
Quizás la novedad mayor de Aparecida consista en haber tomado una opción por la formación cristiana de los laicos y de agentes pastorales. Se constata que hay una crisis y una debilitación de la fe y que no se podrá sostener una vida cristiana reducida puramente a moralismo, ritualismo y doctrinarismo, con débil participación eclesial y con un divorcio con la vida.
Por esto se insiste en fomentar una experiencia espiritual y personal con el Señor, que lleve a una conversión personal que haga a los bautizados verdaderos discípulos y misioneros. Esta experiencia espiritual debe ser alimentada con una formación cristiana, inicial y permanente, que inserte en la vida comunitaria de la Iglesia (parroquias, CEBs, pequeñas comunidades) que lleve a un compromiso misionero con una fuerte dimensión social: lucha por la promoción humana y la justicia, liberación integral, apertura a las culturas, a los nuevos areópagos, defensa de la ecología, atención a los nuevos rostros de pobres, etc. La Iglesia es convocada a pasar de una pastoral conservadora a una pastoral misionera.
Conclusiones:
• San Agustín tiene un mensaje significativo. Su testimonio nos invita a salir al encuentro del mundo, como peregrinos del amor y de la amistad, de una vida digna para todos, desde la Verdad, la Libertad, la Solidaridad, la Interioridad, la Gracia, la Humildad, la Fe y la Búsqueda. Todo esto es muy oportuno en este tiempo de sequía profética.
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• La tarea de hoy es ardua, difícil, casi audaz. Estamos inmersos en esta cultura de la superficialidad, que parece estimular sólo la sensibilidad, frenar la reflexión, centrar su atención en sólo lo que aparece y despreocuparse de las raíces de las cosas, tenemos que volver a la aventura de la profundidad. Nos iniciamos y aprendemos a vivir en profundidad, cuando contemplamos el mapa de necesidades del hombre y de la mujer, cuando hacemos lectura y nos comprometemos, y cuando nos hacemos “OYENTES DE LA PALABRA DE VIDA”.
• Hoy estamos convencidos que un país deja de ser subdesarrollado, el día que tenga escuela para todos, escuela de calidad que eduque en valores.
• En este siglo XXI donde la contaminación ambiental avanza cada día, los agustinos no podemos cerrar los ojos, al contrario se nos invita a tomar conciencia sobre el valor de la ecología, nuestra casa de reflexión. Hoy urge frenar la contaminación ambiental, y para esto necesitamos personas convertidas, dispuestas a asumir un cambio que lleve a todos a un compromiso solidario y sensible, buscando el bienestar de nuestros pueblos, ¿cómo? siendo voz profética. La ecología es nuestro pulmón, es nuestro medio ambiente, patrimonio de todos los pueblos. Hoy se nos invita a tomar conciencia, para cooperar en la preservación de esta herencia común.
• El Concilio Vaticano II es un don de Dios para la Iglesia, pero hace mucho tiempo que se camina al margen del Concilio. Los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos comprometidos, debemos retomar el Concilio, despertar nuestro apetito y el deseo de conocer lo que el Espíritu Santo iluminó a nuestros padres para que nosotros lo pongamos en práctica. Conocer mejor y de forma completa el Concilio Vaticano II; realizar un estudio más intenso, extenso y profundo, penetrar mejor la unidad de todas sus Constituciones, Decretos,
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Declaraciones, y de toda la riqueza en su conjunto. Hacerlo vida en comunión con Cristo presente en la Iglesia (Lumen Gentium), en la escucha de la Palabra de Dios (Dei Verbum), en la liturgia (Sacrosanctum Concilium), en el servicio a las mujeres, hombres y, sobre todo , a los pobres (Gaduim et Spes). Para recibir, corporeizar el Conclio Vaticano II, primero hay que conocerlo y eso se consigue con su lectura, estudio, reflexión y oración. Rezar el Concilio33.
• Hoy tenemos que formarnos para la participación, para el servicio, para la capacidad crítica, para el compromiso con coherencia ética. Formar la conciencia solidaria es ponerse ante los problemas para buscar respuestas que sean éticas y culturalmente adecuadas»34.
Termino afirmando que estamos en un buen momento para dar testimonio de la comunión como herederos de la espiritualidad agustiniana. San Agustín un hombre de ayer para el mundo de hoy. Hoy la Iglesia necesita muchos Agustín, no para que repitan lo que él hizo, porque los contextos son distintos, sino para responder y estar atentos a los signos de los tiempos, como nuestro padre espiritual lo hizo en su tiempo. Sólo nos queda decir santo padre Agustín: RUEGA POR NOSOTROS.
Preguntas
1. Qué pilares de la vida espiritual de San Agustín son de ayuda para nuestra vida cristiana.
2. Teniendo como pilar la espiritualidad agustiniana, las directrices del Concilio Vaticano II y las Conferencias episcopales de Latinoamérica ¿Cómo debería ser la misión de en este contexto del siglo XXI?
3. A la luz de lo reflexionado ¿Qué mensaje darías a los fieles del siglo XXI?
33 N. CASTELLANOS, Memoria profecía y liberación hacia el Reino, Madrid 2007, 240.
34 Ibid.
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